viernes, 10 de mayo de 2013

FREUD Y EL DESARROLLO PSICOSEXUAL

DESARROLLO PSICOSEXUAL
 
 

Desarrollo psicosexual


El concepto de desarrollo psicosexual es un elemento esencial en la teoría sexual de Sigmund Freud[1] desarrollado hacia finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Freud propone un concepto ampliado de la sexualidad humana, idea revolucionaria en su época, que postula la existencia de una sexualidad infantil, cuyo desarrollo está organizado en fases. Cada una de estas fases está caracterizada por una zona erógena que es la fuente de la pulsión libidinal durante esa etapa. Estas fases son (en orden de su aparición): oral, anal, fálica, de latencia y genital. Freud creía que si durante cualquiera de estas fases el niño experimentaba ansiedad en relación a esa pulsión correspondiente, los temas relacionados a esa etapa podrían persistir en la época adulta como neurosis.[1]

Antecedentes


Freud observó que durante el temprano desarrollo, el comportamiento de los niños se orientaba alrededor de determinadas partes del cuerpo (la boca durante el amamantamiento, el ano durante el baño o la higiene y luego los genitales). Habiendo observado en sus trabajos anteriores con pacientes histéricas, que las neurosis adultas tienen sus raíces en la sexualidad infantil, Freud propuso que esos comportamientos de los niños eran expresiones de sus fantasías sexuales y deseos. Sugirió que los seres humanos, durante su primera infancia, son "perversos polimorfos", significando esto que los infantes pueden derivar su placer sexual desde cualquier parte del cuerpo,[2] y que es sólo a través de la socialización que las pulsiones libidinales son sofocadas en la heterosexualidad adulta.

Debido a que pudo predecir una línea de tiempo de los comportamientos de los niños, Freud desarrolló un modelo a través de cual consideró lo que sería el desarrollo "normal" del niño, al cual denominó "desarrollo libidinal". De acuerdo a esta teoría, cada niño atraviesa cinco fases psicosexuales. Durante cada etapa, la libido tiene diferentes zonas erógenas de acuerdo a la fuente de sus pulsiones. La libido se refiere a varios tipos de placeres y satisfacciones.

Sin embargo, durante esta búsqueda de satisfacción de las urgencias sexuales, el niño experimenta fracasos y reprimendas por parte de sus padres o la sociedad y debido a esto termina asociando angustia con la zona erógena en particular. Para evitar esta angustia, el niño comienza a preocuparse con los temas relacionados a esta zona, un fenómeno que Freud denominó fijación. Freud creía que la fijación persistía en la adultez y subyacía a la estructura de la personalidad y la psicopatología incluyendo neurosis, histeria y desórdenes de la personalidad. Freud llamó a esto infantilismo psicosexual.

Fase oral


La primera etapa del desarrollo psicosexual es la fase oral, la cual dura desde el comienzo de la vida hasta el primer año. Durante la misma, el foco de la satisfacción está en la boca y el placer se obtiene por los cuidados, pero también a través de la exploración del entorno (los pequeños tienden a llevarse objetos nuevos a la boca). En esta etapa el Ello es el que domina ya que ni el Yo ni el Superyó están totalmente desarrollados. A causa de esto el bebé no tiene noción de sí mismo y todas sus acciones están basadas en el principio de placer.

El yo, sin embargo, está bajo formación durante esta primera etapa. Hay dos factores que contribuyen a la formación del mismo. En primer lugar, la imagen corporal es desarrollada, lo cual implica que el niño reconoce que su cuerpo se diferencia del mundo exterior. Por ejemplo, comenzará a darse cuenta que uno siente dolor solamente cuando éste se aplica al propio cuerpo. A través de la identificación de los límites de su cuerpo, uno comienza a desarrollar el sentimiento del yo. Un segundo factor al que le es atribuido la formación del yo son las experiencias implicadas en el retraso de la satisfacción que conducen a la comprensión de que conductas específicas pueden satisfacer algunas necesidades. El infante gradulamente se da cuenta de que la satisfacción no es inmediata y que tiene que producir determinados comportamientos para iniciar acciones que conduzcan a esa satisfacción. Un ejemplo de conducta semejante es el llorar, que parece no tener finalidad durante los primeros dos meses de vida, pero luego parece ser usado productivamente y está conectado con determinadas necesidades.[4]

La experiencia clave en esta fase es el destete, durante el cual el niño pierde mucho del contacto ínitmo con su madre y esto da lugar al primer sentimiento de pérdida. El destete también le provee al bebé conciencia de sí mismo, desde que aprende que no todo está bajo su control, y tampoco la satisfacción es siempre inmediata.

En esta etapa, la satisfacción de las necesidades conducen a la formación de la independencia (desde que el bebé se forma una idea clara sobre los límites de sí mismo y forma su yo) y la confianza (desde que el bebé aprenden que comportamientos específicos conducen a la satisfacción). Por otro lado, la fijación puede llevar a la pasividad, credulidad, inmadurez y un optimismo no realista, y también la formación de una personalidad fácil de manipular debido a la formación inadecuada del yo. Esto puede ser el resultado tanto de la excesiva como de la insuficiente satisfacción. En el caso de demasiada satisfacción, el niño no aprende que no todo está bajo su control y que la satisfacción no siempre es inmediata (los cuales son resultado del destete), dando lugar a una personalidad inmadura. Por otro lado, las necesidades del niño pueden ser satisfechas insuficientemente, y debido a ello el niño se vuelve pasivo porque aprende que de todas formas, lleve a cabo la conducta o no, la satisfacción no sobrevendrá. En algunas sociedades es común que los niños sean cuidados por sus madres durante varios años mientras que en otras este tiempo es más corto. El chupar y comer, de todas formas, componen los recuerdos más tempranos de los niños en todas las sociedades. Esta etapa tiene especial importancia ya que algunas sociedades tribales, comúnmente encontradas en el Suroeste del Pacífico y en África, consideran que el estómago es la sede de las emociones.

Fase anal


En la etapa anal del desarrollo psicosexual, el foco de la energía pulsional (zona erógena) mueve desde el tracto digestivo superior al final inferior y el ano. Esta fase dura desde aproximadamente el 15º mes hasta el tercer año de vida. Durante la misma la formación del Yo continúa.

De acuerdo a la teoría, la experiencia más importante durante esta etapa es el entrenamiento en la higiene personal. Éste ocurre alrededor de los dos años (pueden haber diferencias con respecto a la edad según la sociedad que corresponda), y da como resultado un conflicto entre el Ello, que demanda satisfacción inmediata de las pulsiones que involucran la evacuación y las actividades relacionadas con ella (como el manipular las heces) y las demandas de los padres. La resolución de este conflicto puede ser gradual y no traumático, o intenso y tormentoso, dependiendo de los métodos que los padres usen para manejar la situación. La solución ideal vendría si el niño trata de regularse y los padres son moderados, para que el niño pueda aprender la importancia de la limpieza y el orden gradualmente, los cuales dan lugar a una persona adulta controlada. Si los padres ponen demasiado énfasis en la higiene personal mientras el niño decide acomodarse a ésta, se puede dar lugar al desarrollo de un comportamiento compulsivo, extendiéndose a lo concerniente con el orden y la pulcritud. Por otra parte, si el niño decide prestar atención a las demandas de su Ello y los padres acceden a esto, el niño probablemente desarrolle una personalidad tendiente al desorden e indulgente para consigo mismo. Si los padres reaccionan, el infante debe cumplir, pero desarrollará un débil sentimiento de sí, ya que los padres son los que controlan la situación, no su propio Yo.

Fase fálica


Se extiende desde los tres hasta los cinco años y la zona erógena asociada a ella es el área de los genitales. A pesar de que efectivamente la satisfacción está enfocada en esta área, no lo es de la misma forma que en la sexualidad del adulto, ya que el niño es sexualmente inmaduro aún. Sin embargo, la estimulación de los genitales es bienvenida como placentera y los varones, como los hombres adultos, pueden tener erecciones durante el dormir. Los niños se vuelven cada vez más conscientes de su cuerpo y son curiosos en relación al cuerpo de otros niños y también el de sus padres. Freud observó que los niños de esta edad pueden ser frecuentemente vistos sacándose la ropa y "jugando al doctor" con otro niño, o preguntándole a sus madres si ellas también tienen pene. Estas observaciones persuadieron a Freud de que la satisfacción está enfocada sobre o alrededor de los genitales durante este período.

El conflicto más importante de esta etapa es el llamado complejo de Edipo, nombre derivado de Edipo, quien asesinó a su padre e involuntariamente durmió con su madre. Freud usa el término Edipo para ambos sexos pero otros analistas propusieron un variante femenina denominada "Complejo de Electra". En un comienzo, para ambos sexos la primera fuente de cuidados (al menos en la mayoría de las sociedades) y satisfacciones es la madre. A medida de que los niños se desarrollan, sin embargo, comienza a formarse una identidad sexual y la dinámica para varones y niñas se altera. Para ambos sexos, los padres devienen el foco de su energía pulsional.

Para el varón, la madre deviene la persona deseada, mientras que el padre es el foco de los celos y rivalidad, desde el primer momento en que es el que duerme con la madre, pero sigue siendo uno de los principales encargados del cuidado del niño. El Ello quiere unirse con la madre y matar al padre (como hizo Edipo) pero el Yo, basado en el principio de realidad sabe que el padre es más fuerte. Sin embargo, el niño también quiere al padre, por eso sus sentimientos son ambivalentes. El temor de que el padre sea un obstáculo frente a los sentimientos del niño hacia la madre es expresado por el ello como temor de que el padre lo castre. El miedo a la castración no es racional y ocurre de forma irracional e inconsciente.

Freud argumentaba que las niñas pequeñas siguen más o menos el mismo desarrollo psicosexual que los niños. Mientras que el niño desarrolla angustia de castración, la niña desarrollará envidia del pene, envidia sentida por las mujeres frente a los hombres debido a que los hombres poseen pene. Esta envidia tiene sus raíces en el hecho de que sin el pene las mujeres no pueden poseer sexualmente a la madre tal como son conducidas por el Ello. Como resultado de esta comprensión, ella dirige su deseo sexual hacia el padre. Luego de esta fase la mujer tiene una etapa extra en su desarrollo cuando debe transferir, todo o en parte, la sensibilidad e importancia del clítoris a la vagina. La niña pequeña también en algún momento debe abandonar su primera elección de objeto, la madre, para tomar a su padre como nueva elección de objeto, más apropiada. Su eventual introducción en la heterosexualidad femenina, que culmina al dar a luz, deja de lado paulatinamente sus tempranos deseos infantiles, y su propio hijo es el que toma el lugar del pene de acuerdo a una antigua equivalencia simbólica. Generalmente Freud consideraba al conflicto de Edipo experimentado por niñas más intenso que el experimentado por varones, dando como resultado una personalidad más sumisa y menos segura.

En ambos casos el conflicto entre las pulsiones del Ello y el Yo es resuelta a través de dos mecanismos de defensa básicos del Yo. Uno de ellos es la represión, que implica el bloqueo de recuerdos, impulsos e ideas desde la mente consciente, pero no conduce a una resolución definitiva del conflicto. La segunda es la identificación que implica la incorporación de las características del padre del mismo sexo dentro del propio Yo del niño. El varón, adoptando este mecanismo busca reducir el miedo a la castración, ya que su similaridad con el padre le hace pensar que lo protegerá de él. La identificación de las niñas con su madre es más fácil ya que se da cuenta de que ni ella ni su madre tienen pene. Algunas escuelas de psicoanálisis consideran que la dinámica psicosexual presentada en niñas en este punto de su desarrollo tiene su término (sin embargo Freud no lo considera así) en el Complejo de Electra. La teoría freudiana de la sexualidad femenina, particularmente lo que se refiere a la envidia del pene, ha sido duramente criticada.

Si el conflicto no es resuelto, una fijación a esta fase dará lugar a mujeres adultas que se esfuerzan por superar a los hombres, si tiene sentimientos insoportables de devastación debido a la falta de pene, lo harán siendo seductoras y coqueteando, o sino serán sumisas y con baja autoestima. Por otro lado, los hombres pueden presentar excesiva ambición y vanidad. En general, el Complejo de Edipo es muy importante para el desarrollo del Superyó ya que a través de la identificación con uno de los padres, la moralidad de la sociedad en que se vive es internalizada y la conformidad a las reglas ya no es producto del miedo al castigo.

Período de latencia


El período de latencia está caracterizado por una solidificación de los hábitos que el niño desarrolló en sus anteriores etapas. A pesar de que el Conflicto de Edipo se resuelva (o no), las pulsiones del Ello no son accesibles para el Yo durante esta etapa, ya que han sido reprimidas durante la etapa fálica. A raíz de esto las pulsiones son vistas como inactivas y escondidas (latentes), y la satisfacción que el niño recibe no es tan inmediata como lo era en las tres etapas previas. Ahora el placer está más relacionado con el proceso secundario. La energía pulsional es redireccionada a nuevas actividades, principalmente en relación a la escuela, hobbies y amigos. De todos modos, pueden presentarse algunos problemas durante esta fase y ocurren si se lleva a cabo una inadecuada represión del Conflicto de Edipo o si al Yo le cuesta redireccionar las pulsiones hacia actividades aceptadas por el entorno social.

Fase genital


La quinta y última etapa del desarrollo psicosexual es la fase genital, la cual se prolonga desde la pubertad (doce años aproximadamente) en adelante. En realidad continúa hasta que el desarrollo culmina, que idealmente es a los dieciocho años cuando comienza la edad adulta. Esta fase representa la mayor parte de la vida, y la tarea básica para que se constituya la individualidad es el desapego a los padres. También es el momento en que se producen los intentos individuales para resolver cuestiones de la temprana niñez. En esta fase el foco está puesto nuevamente en los genitales, como en la fálica, pero esta vez la energía es expresada desde la sexualidad adulta. Otra diferencia crucial entre estas dos etapas es que, mientras en la fálica la gratificación está relacionada con la satisfacción de las pulsiones primarias, en ésta, el Yo está ya bien desarrollado y utiliza el proceso secundario, que le permite una satisfacción simbólica. Ésta última incluye el establecimiento de relaciones amorosas y la posibilidad de formar una familia. También se aceptan las responsabilidades asociadas con la adultez.

Críticas a la teoría freudiana del desarrollo psicosexual


Crítica científica


Una crítica científica común que se refiere a la teoría freudiana del desarrollo psicosexual humano es la que indica que Freud estaba demasiado fijado a la sexualidad humana él mismo, lo que podría haber servido para que subjetivamente su trabajo se dirigiera en favor de definir el desarrollo humano exclusivamente en relación al desarrollo humano sexual considerado normativo, según él. Es posible que dicha fijación haya influenciado negativamente a Freud de distintas formas que lo hayan dirigido a ignorar otras variables significativas que contribuyen al desarrollo psicosexual humano, tales como la actividad hormonal y de las feromonas. La etapa que causa mayor controversia es la fálica. Freud sostenía sus afirmaciones sobre el Complejo de Edipo con una serie de observaciones clínicas. En 1901 publicó una serie de estudios sobre un niño llamado "Pequeño Hans" quien padecía una fobia a los caballos. Freud conectó el miedo de Hans hacia los caballos con el miedo a su padre. El temor de Hans y su angustia fueron pensados como resultado de varios factores incluyendo el nacimiento de su hermana, el deseo de su Ello de reemplazar a su padre como compañero de la madre y conflictos relacionados con la masturbación. Hans admitía que quería tener hijos con su madre, lo cual significaba para Freud una prueba adecuada de la atracción sexual que sentía su pequeño paciente hacia su madre. Hans, sin embargo, era incapaz de conectar el temor por los caballos con su padre, y, como Freud admitía, "a Hans se le deben decir muchas cosas que él no puede decir por sí mismo" además de que "el niño se presenta con pensamientos que hasta el momento no había mostrado signos de poseer", de tal forma que uno podría suponer que Freud manipulaba la mente del paciente.

Investigadores científicos han criticado la siguiente afirmación de Freud en su escrito de 1914 "Introducción del narcisismo": "Es imposible suponer una unidad comparable al Yo que exista desde el comienzo". Amplia evidencia documenta un funcionamiento del Yo en infantes, aún en los recién nacidos, contrariamente a lo que Freud sostenía. El recién nacido muestra una sorprendente habilidad para seguir distintos objetivos móviles, diferenciar un estímulo familiar de uno que no lo es y reaccionar positivamente con la persona que lo cuida. Aún más, los niños muestran signos de un Superego en funcionamiento más temparano que lo propuesto por Freud, quien sostenía que asomaba recién luego de que se resolviese el Complejo de Edipo.

Consideraciones culturales han influenciado ampliamente las teorías dentro de la perspectiva psicodinámica. Freud indicó que el Complejo de Edipo es universal y esencial para el desarrollo. Bronisław Malinowski, un antrópologo que estudió el comportamiento de los habitantes de las Islas Trobriand, cuestionó la opinión de Freud acerca del Complejo de Edipo y su universalidad. En la sociedad de Trobriand los varones son disciplinados por los hermanos de sus madres en lugar de sus padres biológicos (sociedad avuncular). Tal como desarrolla en su trabajo, "Sexo y represión en la sociedad salvaje" (1927), Malinowski encontró que los varones tenían sueños donde el blanco de los miedos no era su padre sino su tío. Basado en esta observación, Malinowski argumentó que el poder, no los celos, es la base para la tensión edípica. Como resultado, Segall et al. hipotetizó que la teoría freudiana estaba basada en una interpretación equivocada de una variable que da lugar a confusión.[5]

Otro estudio científico demostró que mientras los rasgos de personalidad correspondientes a las fases oral, anal, edípica y genital pueden ser claramente observados, las etapas en sí mismas en el desarrollo del niño no pueden serlo. Tampoco se puede confirmar que dichos rasgos adultos provengan de las experiencias vividas durante la niñez.[6]

Desde una perspectiva más genérica, el epistemólogo Karl Popper rechazaba los constructos teóricos propuestos por Freud por su infalsabilidad,[7] considerando el Psicoanálisis en su globalidad como un claro ejemplo de pseudociencia incapaz de efectuar predicción alguna.[8]

 

LA ATENCIÓN


Condiciones de la atención

Determinantes externos

Los determinantes externos son los que proceden del medio y posibilitan que el individuo mantenga la atención hacia los estímulos que se le proponen, es decir, depende del medio ambiente.

  • Potencia del estímulo. Es evidente que un sonido de gran intensidad es capaz de atraer nuestra atención. Lo mismo sucede con los colores intensos con respecto a los tonos más suaves.
  • Cambio. Siempre que se presenta un cambio que modifica nuestro campo de percepción, nuestra mente es atrapada por los estímulos que modifican la situación de estabilidad.
  • Tamaño. La publicidad emplea con gran eficacia este principio. Sin embargo, se ha logrado descubrir que el tamaño posee menos atractivo que el cambio o que la potencia del estímulo.
  • Repetición. Un estímulo débil, pero que se repite constantemente, puede llegar a tener un impacto de gran fuerza en la atención. Es muy utilizado en anuncios comerciales.
  • Movimiento.

  • Contraste. Cuando un estímulo contrasta con los que le rodean, llama más la atención. Puede haber dos situaciones: El contraste por aparición, en la que el estímulo contrasta porque no estaba presente hasta ese momento, y el contraste por extinción, donde el contraste lo provoca el hecho de darse cuenta de que ya no está.
  • Organización estructural. Los estímulos que se presentan deben estar organizados y jerarquizados, de manera que posibiliten recibir correctamente la información.

 Determinantes internos

Los determinantes internos o propios de la persona, son los que dependen del individuo, son propios de él y condicionan aún más, no sólo la capacidad y desarrollo de la atención, sino también su rendimiento.

  • Emoción. Los estímulos que provocan emociones de mayor intensidad tienden a atraer la atención del sujeto que los percibe.
  • Estado orgánico o Estadiorgánico. Este factor se relaciona con las pulsiones que experimenta el individuo al momento de recibir la estimulación. (P.e. si una persona se encuentra sedienta, es seguro que le atraerán más intensamente los estímulos relacionados con la satisfacción de su necesidad)
  • Intereses. Esto se refiere a aquello que atrae la atención en función de los intereses que se tengan. (Por ejemplo, un aficionado al alpinismo se sentirá fuertemente atraído por una vista de montañas nevadas, mientras que un biólogo será atrapado por la imagen de una especie en peligro de extinción.)
  • Sugestión social. Puede llegar a atraer la atención de otras personas por invitación, que es más que por simple imitación.
  • Curso del pensamiento. Independientemente de las pulsiones o de los intereses del individuo, si el curso de su pensamiento se encuentra siguiendo ciertas ideas y un estímulo relacionado se le presenta en ese momento, este último captará su atención en forma inmediata.

Atención voluntaria

Se basa fundamentalmente en las causas que proceden del propio sujeto. Es la motivación interna lo que activa nuestra atención hacia un objeto determinado

  • Queremos atender algo porque nos interesa, no porque capte nuestra atención.
  • Para mantener la atención voluntaria en situaciones que nos interesan, pero que también nos fatigan, con frecuencia hay que recurrir a la "fuerza de voluntad"

Confianza Básica vs. Desconfianza.

(desde el nacimiento hasta aproximadamente los 18 meses). Es la sensación física de confianza. El bebe recibe el calor del cuerpo de la madre y sus cuidados amorosos. Se desarrolla el vínculo que será la base de sus futuras relaciones con otras personas importantes; es receptivo a los estímulos ambientales es por ello sensibNegritale y vulnerable, a las experiencias de frustración son las experiencias más tempranas que proveen aceptación, seguridad, y satisfacción emocional y están en la base de nuestra desarrollo de individualidad. Depende entonces del sentimiento de confianza que tengan los padres en sí mismos y en los demás, el que lo puedan reflejar en sus hijos.

Autonomía vs. Vergüenza y Duda

(desde los 18 meses hasta los 3 años aproximadamente). Esta etapa está ligada al desarrollo muscular y de control de las eliminaciones del cuerpo. Este desarrollo es lento y progresivo y no siempre es consistente y estable por ello el bebe pasa por momentos de vergüenza y duda. El bebe inicia a controlar una creciente sensación de afirmación de la propia voluntad de un yo naciente, se afirma muchas veces oponiéndose a los demás. El niño empieza a experimentar su propia voluntad autónoma experimentando fuerzas impulsivas que se establecen en diversas formas en la conducta del niño, y se dan oscilando entre la cooperación y la terquedad, las actitudes de los padres y su propio sentimiento de autonomía son fundamentales en el desarrollo de la autonomía del niño. Este establece su primera emancipación de forma tal que en posteriores etapas repetirá esta emancipación de muchas maneras.

Iniciativa vs. Culpa

(desde los 3 hasta los 5 años aproximadamente). La tercera etapa de la Iniciativa se da en la edad del juego, el niño desarrolla actividad, imaginación y es más enérgico y locuaz, aprende a moverse más libre y violentamente, su conocimiento del lenguaje se perfecciona, comprende mejor y hace preguntas constantemente; lo que le permite expandir su imaginación. Todo esto le permite adquirir un sentimiento de iniciativa que constituye la base realista de un sentido de ambición y de propósito. Se da una crisis que se resuelve con un incremento de su sensación de ser él mismo. Es más activo y está provisto de un cierto excedente de energía, es posible ocuparse de qué es lo que se puede hacer con la acción; descubre lo que puede hacer junto con lo que es capaz de hacer. La intrusión en el espacio mediante una locomoción vigorosa, La intrusión en lo desconocido por medio de una curiosidad grande, La intrusión en el campo perceptual de los demás, Fantasías sexuales, (Los juegos en esta edad tienen especiales connotaciones simbólicas sobre aspectos sexuales). Respecto de esto último, el niño posee una genitalidad rudimentaria y tiene muchas veces sentimientos de culpa y temores asociados a ello.

Laboriosidad vs. Inferioridad

(desde los 5 hasta los 13 años aproximadamente). Es la etapa en la que el niño comienza su instrucción preescolar y escolar, el niño está ansioso por hacer cosas junto con otros, de compartir tareas, de hacer cosas o de planearlas, y ya no obliga a los demás niños ni provoca su restricción. Posee una manera infantil de dominar la experiencia social experimentando, planificando, compartiendo. Llega a sentirse insatisfecho y descontento con la sensación de no ser capaz de hacer cosas y de hacerlas bien y aún perfectas; el sentimiento de inferioridad, le hacen sentirse inferior psicológicamente, ya sea por su situación económica- social, por su condición "racial" o debido a una deficiente estimulación escolar, pues es precisamente la institución escolar la que debe velar por el establecimiento del sentimiento de laboriosidad.

Búsqueda de Identidad vs. Difusión de Identidad

(desde los 13 hasta los 21 años aproximadamente). Se experimenta búsqueda de identidad y una crisis de identidad, que reavivará los conflictos en cada una de las etapas anteriores; los padres de los adolescentes se verán enfrentando situaciones nuevas que serán un nuevo reto para su misión orientadora. Son características de identidad del adolescente: La Perspectiva Temporal, orientación en el tiempo y en el espacio La Seguridad en Sí Mismo La Experimentación con el Rol, énfasis en la acción El Aprendizaje interés por el contacto con el medio ambiente y una estrategia del aprendizaje vital. Polarización Sexual: Adecuado grado de desarrollo del propio interés sexual. Liderazgo y Adhesión: Adecuada integración al grupo de "pares". El Compromiso Ideológico, orientación valorativa y participación en el ambiente.

Intimidad frente a aislamiento

 (desde los 21 hasta los 40 años aproximadamente). La intimidad supone la posibilidad de estar cerca de otros ya que posees un sentimiento de saber quién eres, no tienes miedo a “perderte” a ti mismo, como presentan muchos adolescentes el joven adulto ya no tiene que probarse a sí mismo. A esta dificultad se añade que nuestra sociedad tampoco ha hecho mucho por los adultos jóvenes la tendencia maladaptativa que Erikson llama promiscuidad, se refiere particularmente a volverse demasiado abierto, muy fácilmente, sin apenas esfuerzo y sin ninguna profundidad o respeto por tu intimidad. Esta tendencia se puede dar tanto con tu amante, como con tus amigos, compañeros y vecinos.

Generatividad frente a estancamiento

(desde los 40 hasta los 60 años aproximadamente). Periodo dedicado a la crianza de los niños la tarea fundamental aquí es lograr un equilibrio apropiado entre la productividad y el estancamiento la productividad es una extensión del amor hacia el futuro. Tiene que ver con una preocupación sobre la siguiente generación y todas las demás futuras: teniendo y criando los hijos, la enseñanza, la escritura, la inventiva, las ciencias y las artes, el activismo social complementan la tarea de productividad. En definitiva, cualquier cosa que llene esa “vieja necesidad de ser necesitado”, el estancamiento, por otro lado, es la “auto-absorción”; cuidar de nadie personas tratan de ser tan productivas que llega un momento en que no se pueden permitir nada de tiempo para sí mismos, para relajarse y descansar. Al final, estas personas tampoco logran contribuir algo a la sociedad. Esta es la etapa de la “crisis de la mediana edad” se pregunta “¿Qué estoy haciendo aquí?”.

Integridad frente a desesperación

(desde aproximadamente los 60 años hasta la muerte). Esta última etapa, la delicada adultez tardía o madurez la tarea primordial aquí es lograr una integridad con un mínimo de desesperanza Primero ocurre un distanciamiento social, desde un sentimiento de inutilidad existe un sentido de inutilidad biológica, debido a que el cuerpo ya no responde como antes, junto a las enfermedades, aparecen las preocupaciones relativas a la muerte. Los amigos mueren; los familiares también parece que todos debemos sentirnos desesperanzados; como respuesta a esta desesperanza, algunos mayores se empiezan a preocupar con el pasado. La integridad yoica significa llegar a los términos de tu vida, y por tanto, llegar a los términos del final de tu vida. La tendencia mal adaptativa es llamada presunción. Cuando la persona “presume” de una integridad yoica sin afrontar de hecho las dificultades de la senectud.